Somos Morte. Raúl Morte Zalabardo
Director de Producción
Raúl lleva Talleres Morte en su ADN, y se nota.
No en vano, desde que tenía 14 años visitaba las fábricas acompañando a su padre y a su hermano mayor, lo que le ayudó a forjar un oficio que compaginaba con sus estudios hasta que descubrió que la mejor ingeniería que iba a aprender era con su padre, Santos Morte, y su hermano Marcos. Primero diseñando los moldes, después produciéndolos y, finalmente, colocándolos y ajustándolos en las instalaciones del cliente. Es en ese momento en el que todo el trabajo realizado encaja y va apareciendo tras el molde el producto que el cliente demandaba, perfectamente adecuado a las condiciones solicitadas.
En 1997, tras pasar dos años estudiando ingeniería, se incorpora definitivamente a la empresa, pero su formación no se detiene. Pasa por todos los puestos de trabajo, dominando cada proceso hasta conocer la producción al detalle. Por las tardes asiste a cursos especializados en diseño, fabricación y maquinaria, convencido de que el aprendizaje continuo es la clave para seguir mejorando. Su esfuerzo y dedicación impulsan la evolución de los moldes de Talleres Morte, que pronto empiezan a ser reconocidos a nivel nacional por su calidad y precisión.
Hoy, Raúl sigue al frente de la producción con la misma pasión y entrega de siempre. Su conocimiento técnico, sumado a su visión estratégica, le permite tomar decisiones que aseguran la excelencia en cada molde. Su mayor satisfacción es ver cómo los clientes reciben no solo un producto, sino una solución adaptada a sus necesidades, respaldada por la experiencia y el compromiso de todo el equipo.
Sin embargo, dirigir la producción de una empresa como Talleres Morte implica enfrentarse a grandes retos. Uno de los más difíciles llega con la crisis de 2008, cuando el mercado de la construcción en España se desploma y, con él, el 80 % de la facturación de la empresa. Ante esta situación, Raúl, junto a su padre y su hermano, toma dos decisiones fundamentales: mantener a toda la plantilla y apostar por la internacionalización. En apenas un año logran darle la vuelta a la situación y empiezan a exportar más del 80 % de su producción, compitiendo con las firmas más prestigiosas de Europa.
El éxito de esta transformación no solo se basa en la calidad del producto, sino en la fortaleza del equipo. Raúl confía en cada uno de los trabajadores de Talleres Morte, sabe que juntos han superado momentos difíciles y que siguen evolucionando con la misma pasión y compromiso.
A pesar de su intensa dedicación a la empresa, Raúl siempre encuentra tiempo para sus otras grandes pasiones: la familia, los amigos y el fútbol.
Hoy, Talleres Morte sigue creciendo y conquistando nuevos mercados, y aunque Raúl ya no puede supervisar cada pedido personalmente, sigue al tanto de todo, delegando labores en su equipo, tanto de la oficina técnica como de producción. Aun así, le gusta introducir él mismo cada orden de pedido, porque así mantiene el pulso de la producción y se asegura de que cada detalle esté bajo control.
Si tiene que defender la razón por la que los clientes deberían elegir un molde de MORTE, Raúl lo tiene claro:
“Cuando un cliente adquiere un molde de Talleres Morte, no solo compra un producto: recibe el respaldo y el compromiso de toda la empresa”.
Como él mismo dice:
“Los clientes conocen muy bien su empresa, pero en Talleres Morte conocemos todas las empresas del sector. Nos hemos enfrentado a cientos de situaciones y hemos sabido resolverlas. Quizás por eso paso tanto tiempo al teléfono, asesorando, resolviendo dudas y compartiendo la experiencia acumulada en más de 50 años, porque la calidad no es solo el molde, es la confianza que nuestros clientes depositan en el equipo de MORTE”.
Y es que, como hemos dicho al principio, Raúl lleva a Talleres Morte en su ADN… y se nota.
