SANTOS MORTE: La empresa a ojos de su fundador (parte 1)

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Santos, el niño

Santos se define como una persona normal y corriente, inquieto y con ganas de hacer. Siempre ha tenido curiosidad por aprender y por encontrar soluciones allí donde otros no las ven.

Si considera que un tema es importante se implica al 200%.

Santos es el noveno de 10 hermanos. Nacido en una familia de escasos recursos, pronto fue a la escuela, donde recuerda que tenía auténtica ilusión por aprender. La escuela le abrió los ojos y la mente a otros campos y como él dice, nunca he dejado de aprender.

Recuerda como su padre tenía un taller de carros, en Pradejón, por lo que el mundo del hierro no le era ajeno. Cuando sólo tenía 8 o 9 años mostraba auténtico interés por este trabajo artesano. Para el pequeño Santos hacer un carro equivalía a hacer una obra de arte.

Con su padre descubrió una máxima que lo ha acompañado durante toda su vida.

“Hay que hacer lo que te gusta… y hacerlo bien”.

Una frase que resume su carácter pasional y perfeccionista en el trabajo.

Santos deja la escuela a los 14 años y aprende contabilidad en una academia de Calahorra a la que acude una hora todos los días. Los números se le daban excepcionalmente bien.

 

Los inicios

A la edad de 15 años entra a trabajar en el taller de su hermano, un artesano de mucho nivel, para “llevarle las cuentas”.

Y un buen día, en 1961, Santos bajó por el taller cuando se empieza a hacer un primer molde para Cerámica Izquierdo, una empresa de la zona.

Santos descubre un producto nuevo, al que le ve mucho futuro, ya que en ese momento no hay empresas especializadas en realizar este tipo de piezas.

Lo que más le gusta es que cada molde es diferente y con cada uno aprendes…

Primero había que dibujarlo, luego se diseñaba y se probaba… y muchas veces se rompía. Había que descubrir dónde estaba el problema, aprender, y volver a empezar de nuevo (a este sistema ahora le llaman Desing Thinking). Ésta era la motivación de Santos, descubrir por qué… solucionarlo, saber para qué sirve…. O como él mismo dice, buscarle el sentido al trabajo.

Santos pasó 14 años con su hermano Ricardo y, durante este tiempo descubrió dos cosas que iban a marcar su futuro.

En los años 63-64 se realizó la primera instalación de un molde de hueco doble con 3 salidas en un sistema automático.

Por más que probaban, los ladrillos siempre se rompían. Un Viernes Santo, a las 8 de la mañana, Santos se plantó en las instalaciones del cliente. Se pasó varias horas mirando, buscando, descubriendo hasta que finalmente descubrió que el aire no circulaba entre los ladrillos. Así que, ni corto ni perezoso, se fue al taller y se pasó el resto del día y de la noche realizando dibujos a mano, buscando soluciones y haciendo prototipos en papel.

Al día siguiente fabricó unas cuchillas que, al cortar el ladrillo permitían la circulación del aire. Las colocó y… ¡¡Eureka!! El ladrillo ya no se rompía.

Además este tipo de rallado fue la solución para las salidas de ladrillo tumbado. Con este nuevo sistema los ladrillos fabricados con los moldes de Morte no se pegaban entre sí, mientras que a la competencia sí.

 

El descubrimiento del acero interior

Cuando Santos contaba con aproximadamente 20 años, un cliente de Orense vino con un gran problema: los moldes que fabricaba no le duraban debido a la fuerte abrasión de la arcilla que usaba para fabricar sus ladrillos.

Santos no paró hasta que encontró la solución: forrar las placas interiores con acero. En aquel momento, con las pocas herramientas que había, desarrollar un molde con acero interior era un todo un reto.

Durante los 14 años que estuvo con su hermano, cada molde que hacía era un aprendizaje.

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